Alcazaba de la Alhambra

 

El paisaje de la Alhambra nos redirige a la Alcazaba, una realidad natural interpretada culturalmente por el hombre. Es la huella consciente dejada por el ser humano sobre el territorio de una colina que se le conoce como la Colina Roja. La Alcazaba no es otra cosa que un castillo o fortaleza que se usa como medio de protección o refugio de una autoridad. La Alcazaba se caracteriza por tener una pequeña medina o ciudad en su interior, a diferencia de los castillos. Las autoridades nazaríes, instaladas en este espacio estratégico de la ciudad, estaban acostumbradas a estar separadas de la sociedad, una realidad que se dio con cierta frecuencia en el mundo islámico. Se ha relacionado con el hecho de que la autoridad política no se ejerce inmiscuyéndose en los problemas de los ciudadanos, sino limitándose a mantener el equilibrio entre los distintos grupos.

La Alcazaba es la parte que más destaca de su conjunto si la apreciamos desde cualquier mirador de la ciudad, entre los que destaca el Mirador de San Nicolás. Comprende el extremo oeste del recinto monumental y esconde la gran riqueza de los Palacios Nazaríes. Y era la zona dedicada a la vigilancia y control de la ciudad, de ahí que la residencia del ejercito de élite se estableciese en esta parte. Se trata de una gran muralla defensiva con torres, como la Quebrada, la del Homenaje y la de la Vela en el extremo derecho. Posteriormente se añadió una adicional, la de la Pólvora.

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Historia del Alcazaba

La Alhambra es un asentamiento complejo, formado por varias partes, que en lo fundamental se construyó por la dinastía nazarí, aunque tiene unos precedentes islámicos y unas postrimerías cristianas.
En diferentes fuentes árabes encontramos los diferentes enfrentamientos entre árabes y muladíes en la región de Granada, razón por la cual los primeros se refugiaron en la fortaleza de la Alhambra. En las referencias encontradas en las Memorias del rey ‘Abd Allah, el último ziri destronado, hace mención en dos ocasiones a la Colina Roja, uno al hablar del proyecto de la construcción del palacio y otro para construir el “muro contiguo a la Alhambra” que es la que une la Alhambra con la Alcazaba. Como vemos, en una época anterior a la nazarí, ya existieron estructuras de fortificación y coracha; pero los palacios de la ciudad palatina son fruto de una obra posterior.

Cuando en 1238 Muhammad I llega a Granada, su gobierno se instala en la hasta entonces sede del poder local granadino, el Palacio de Badis b. Habus (convertido más tarde en Dar al-Horra). Este edificio, fundado en el siglo XI por la dinastia ziri, estaba ubicado en el barrio del Albaicín, en la llamada “alcazaba”. Sin embargo, el primer emir pronto buscó una ubicación más favorable, se dirigió al Monte de la Sabika, donde marcó los cimientos del castillo y llevó agua a la colina a partir de azud y una acequia sobre unas precarias construcciones defensivas, existentes desde el siglo IX y que respondían al nombre de “la Alhambra”. La elección de este espacio no puede entenderse sin tener en cuenta el paso previo de Muhammad I por Jaén, ya que en Granada buscó una ubicación similar a la de la alcazaba jiennense. Su intención era la de crear un asentamiento estable, para lo cual construye unas importantes defensas en la zona de la Alcazaba y dota de agua procedente del río Darro el conjunto. Muhammad II concluye la Alcazaba, y Muhammad III (1302-1309), configurando la ciudad palatina, levanta puertas que separaba la zona de la alcazaba del área residencial. La construcción de los palacios fue posterior, de ahí que el Sultán viviese en este espacio hasta que las obras fueron concluidas.

La alcazaba sufrió transformaciones desde el momento en el que pasó a manos de los Reyes Católicos, y es que se vio sometida al reforzamiento de sus defensas para adaptarlas al uso de la artillería. Pero también estos se encargaron de construir, restaurar y mantener lo que nos ha llegado, encontraron en la Alhambra el trofeo de guerra perfecto que contribuyó a la pervivencia de los trabajos artesanales nazarí. Tras la expulsión de los moros, se construyó la torre del Cubo, con trazas semicirculares, en la base de la Torre del Homenaje para reforzarla. Sus sucesores se encargaron de cuidarlo y de engrandecer sus trazas, hasta que en la llegada napoleónica se adaptó a la milicia francesa y con su retirada dispuso la destrucción que no llegaría a realizarse en su totalidad. Así, prácticamente abandonada y desagregada desde el punto de vista territorial, los viajeros románticos relataron y representaron testimonios y graficas que sirvieron para su difusión internacional. Fueron estos viajeros también los que pusieron el acento en la necesidad de conservar el legado andalusí.

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Curiosidades sobre el Alcazaba de la Alhambra

Los soldados responsables de la defensa del sultán, con residencia en la Alcazaba, contaban con dos tipos de viviendas. Con suerte, si tenias familia podía vivir en unas casas más grandes localizadas a la derecha, pero si eras un soldado soltero, las casas estaban localizadas a la izquierda con unas dimensiones muy inferiores a las anteriores. Estas casas estaban alrededor de un patio que diferenciaba la planta alta de las habitaciones con la baja que se dedicaba a la zona de estar, despensa y letrina, la característica vivienda hispano musulmana de clase elevada.

Bajo la alcazaba se encontraban las mazmorras, la prisión para todos aquellos enemigos que asediaban el recinto palaciego y los sublevados que habitaban en el interior de la fortaleza. Estas mazmorras en la actualidad están cerradas al público, pero podemos hacernos una idea de cómo sería vivir en plena oscuridad una estancia penitenciaria.

También los baños estaban situados en la penumbra, en este caso bajo la Torre de la Vela. Eran espacios de reducidas dimensiones y con sencillas estructuras, levantados en 1240, los más antiguos del conjunto monumental. Sus cubiertas en la actualidad han desaparecido, como también parte del pavimento y la decoración. Aunque la planta y las diversas estancias se pueden intuir.

Horarios para visitar el Alcazaba

La Alhambra es uno de los sitios que hay que visitar al menos una vez en la vida, pero lo cierto es que su extenso perímetro y su indefinida belleza hará que queramos repetir nuestra visita. La alcazaba se encuentra dentro del perímetro de la Alhambra, es por ello que su horario de acceso es el mismo que el de los palacios, jardines y Generalife. Su horario de apertura es a las 08.30 horas hasta las 18.00 horas en invierno (desde el 15 de octubre al 31 de marzo) y hasta las 20.00 horas en verano (desde el 1 de abril hasta el 14 de octubre). Abre todos los días, salgo el 25 de diciembre y el 1 de enero.

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Precios para para visitar el Alcazaba

En la Alhambra encontramos 6 tipos de entrada, que nos centraremos en la que recorre el tema que nos ocupa. La alcazaba y la visita al Generalife tienen un precio de 7,42 €. Incluye el acceso a la Alcazaba, el Partal y su Palacio y los jardines del Generalife, pero no el acceso a los Palacios Nazaries que requieren de otra entrada. Los menores de 12 años tienen acceso gratuito, aunque su entrada debe ser adquirida para poder acceder a la visita. Y tienen una reducción de precio (6,36 €) los ciudadanos de la Unión europea con carnet joven acreditativo.

Al tratarse de uno de los monumentos españoles más visitados, la compra de entrada nos puede generar más de un quebradero de cabeza. Por lo que si nuestro viaje está planificado y no queremos perdernos la recomendada visita, debemos hacernos con las entradas con la mayor antelación posible, aunque la antelación máxima de compra de entradas es de 3 meses. La visita a la Alcazaba y el Generalife es una de las más sencillas de adquirir, aunque recomendamos hacernos con la entrada con antelación en la misma taquilla desde las 08.00 horas y con un máximo de 12 entradas por persona, o por internet.