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De plaza en plaza: Las Tendillas

Muchas son las plazas y rincones de la ciudad de Córdoba que le muestran el embrujo a todo aquel que la visita. Entre ellas encontramos la Plaza de las Tendillas. No tiene pérdidas. Situada en el límite entre el casco histórico y el centro comercial de la ciudad, este emblemático espacio es uno de los lugares más representativos de la localidad. Un lugar de encuentro, de paseo, donde el pasado todavía respira.

UNA PLAZA POPULAR DESDE SU ORIGEN

Calle Tendillas de Calatrava; Plaza de Canalejas; Plaza de Cánovas del Castillo, de la República o de José Antonio Primo de Rivera; son antiguos nombres bajo los que se conocía a esta zona céntrica de la ciudad, antes de que se le bautizara como Plaza de las Tendillas. Pero, ¿por qué Tendillas? Pues bien, su nombre se debe a las numerosas “tiendecillas” que se ubicaban allí desde épocas pasadas; aunque no fue hasta bien entrado el siglo XVII cuando la plaza disfrutó del florecimiento de los distintos establecimientos comerciales y la nombraron así. Antes de eso, en este espacio albergaban las casas de La Encomienda de Calatrava, llamado así al Convento de los Comendadores de la Orden de Calatrava.

A lo largo de la historia, han sido muchos los edificios que se han asentado en este idóneo lugar de encuentro. Tras numerosas trasformaciones sólo unos pocos privilegiados pueden presumir de levantarse junto a la plaza. Actualmente, la Plaza de las Tendillas es considerada la plaza señera de la ciudad y en ella se pueden encontrar distintos establecimientos como la afamada heladería La Flor de Levante; y edificios. Desde la Casa Colomera o la Casa de Enríquez Barrios; hasta edificios como La Unión y el Fénix.

LOS PROTAGONISTAS DE TENDILLAS

Considerada como la plaza más popular de la ciudad, muchos son los curiosos que acuden a Tendillas para conocer al “Gran Capitan”.

Justo en el centro y montado a su caballo está la estatua ecuestre de un hijo de estas tierras: Gonzalo Fernández de Córdoba. Cuenta la leyenda que la cabeza pertenecía a una antigua estatua del torero Rafael Molina El Lagartijo. Aunque es algo incoherente pues su escultor, Mateo Inurria Lainosa, realizó también el busto del Lagartito y sus rasgos no coinciden en absoluto. Lo que es incuestionable es que, gracias a esta obra, su escultor recibió la medalla de honor en la Exposición Nacional de Bellas Artes en 1920. Pero este icono no siempre estuvo en la fuente principal de la plaza. De hecho, no fue hasta 1927, cuando Gonzalo Fernández se mudó de la Avenida del Gran Capitán a Las Tendillas.

Otra de las singularidades que más gustan de esta plaza es que el compás del tiempo lo marca los acordes flamencos de la guitarra. Y es que las manecillas de su Reloj que marcan el transcurrir de las horas es bastante particular y llama la atención de todo aquel que se aproxima a la plaza. Inaugurado en 1961, su sonería sustituye las campanas por soleares, grabadas por el guitarrista flamenco Juanito Serrano.

Además, entre los vecinos de Córdoba se ha convertido en costumbre, que sea este reloj el que dé la bienvenida al nuevo año. Es por eso que muchos cordobeses celebran allí la tradicional fiesta de año nuevo, comiéndose las doce uvas al son flamenco del reloj.

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